825 alternativas al Cluedo

Más de una docena de mesas, un griterío de fondo y una barra. Hasta aquí tres elementos que se repiten en cualquier bar de España. Solo que en este todo gira en torno a los juegos de mesa: 826 lotes de puro entretenimiento, un número que aumenta cada semana en el interior del Epic Board Game Cafe, ubicado en la calle de los Vascos, 3, en la Ciudad Universitaria de Madrid. Sus dueños aspiran a llegar en breve a la cifra mágica: un millar de títulos. “Somos los únicos que disponemos de tal cantidad de oferta”, presume Alberto González, de 36 años, uno de los tres socios fundadores del local. “Cualquiera puede disfrutar de este tipo de ocio, da igual si ha jugado un millón de veces o ninguna”.

El ambiente competitivo se contagia nada más entrar. Apenas se ven móviles que puedan distraer la atención junto a los tableros. Solo cuenta la diversión y, claro, el placer de batir a los contrincantes. Como demuestra un grupo de chavales que acaban de terminar una partida al Camel Up, un juego familiar en el que unos dados tirados al azar definen quién es el afortunado que llega a la línea de meta con un camello cargado de monedas. “Hemos venido después del trabajo y llevamos más de dos horas sin parar”, explican mientras tratan de establecer el reparto final de puntos.


Interior del local Epic Board Game Cafe, en Madrid.

Los gritos de ganadores y perdedores se mezclan con el tintineo de las cervezas, las tapas y el trasiego de los camareros, que también ejercen de maestros. “Les llamamos gurús. Son los responsables de explicar de forma didáctica las reglas de los juegos”, relata González. Y también de recomendar el título ideal para cada tipo de persona. No todos llegan con la idea clara de a qué jugar. Y muchos solo preguntan por los dos que más conocen, el Monopoly y el Cluedo. “Hablando con los clientes, los gurús intuyen qué puede gustarles”. No es tarea fácil porque hay títulos para todos los públicos: Aventureros al tren, ¡Toma 6!, Dobble Kids, Catán… “El otro día aconsejamos a una pareja el Pocket Invaders, una transformación del ajedrez de toda la vida con un aire retro y les encantó”.

El modelo de negocio no es nuevo. El primero de estas características se creó en Canadá. En Europa, Reino Unido es uno de los países con más arraigo. “Es curioso, pero la idea de montar el negocio surgió en 2013 de viaje a Oxford”, recuerda Eduardo García, otro de los socios e ingeniero de profesión. “Me sentí muy cómodo y la atención fue personalizada, me sorprendió el concepto de ‘coge el juego que quieras, ábrelo, tócalo y si te cansas elige otro, como si estuvieras en casa”.

Tras la experiencia, ambos socios comenzaron a ilusionarse. “Nos preguntamos, ¿por qué no va a funcionar aquí?”. La idea tardó tres años en materializarse. “Mucha gente nos decía que nunca llegaríamos a abrir”, explican. Ellos pusieron el capital, pero llevaron a cabo un crowdfunding para ampliar la colección con el que consiguieron 8.000 euros. “Tardaremos poco en llegar a los 1.000 juegos, aunque los probaremos antes de adquirirlos”.

Se acerca la noche y el trasiego de personas que entra a echar unas partidas no cesa, aunque sea un día de diario. El peaje de tres euros por acceder no disuade a la clientela, que tiene la opción de llevar sus propios juegos de mesa. “Vamos con 20 años de retraso. No solo existen el Risk o el Monopoly”, reflexionan Salvador e Ismael, dos amigos que llevan toda la tarde divirtiéndose con The Colonists, un juego de gestión de recursos.

En un futuro, el local contará con una clasificación de los juegos más simplificada. “Fuera de las cajas se colocarán unas pegatinas con tres colores: verde, amarilla y rojo basándonos en el tiempo que se tarda en conocer, por primera vez, las reglas básicas de cada uno de ellos”, afirma Alberto. Y una ayuda también para los padres más despistados. “Son muchos los que dejan el parque de bolas y vienen aquí a celebrar los cumpleaños de sus hijos”.

La comida y bebida también forman parte de Epic Madrid. Disponen de una carta que actualizan con las sugerencias de los propios jugadores y tienen hasta una cerveza hecha en Vallecas, llamada La jugona. “Tenemos la rubia y la morena, a la gente les encanta”, aseguran los dueños.

Son las once de la noche y un par de rezagados apuran su cena. “¿Qué por qué venimos? Yo, para quitarme el estrés del curro”, explica Jesús Martín, trabajador en una empresa de auditoría. A su amigo, prosigue, le conoció en torno a un tablero. “Prefiero una buena partida a un partido de fútbol. En la actualidad, estoy obsesionado con un juego de infraestructuras de trenes que se llama 1830, y eso que es de los años ochenta”.

Visto en: El pais

 

Bernardo dia Reya

Acerca de Bernardo dia Reya

¿Qué que soy sin la presidencia? Un genio, un millonario, un playboy, un filantropo... Sin contar que soy fan de los animes con humor absurdo de los 90, de los buenos juegos de mesa y de Nintendo.
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